Cuando el enojo o tristeza te hacen comer de más, ¿cómo evitarlo?

A todos nos ha pasado que devoramos una bolsa entera de papas fritas o cualquier bocadillo y postre que se nos ponga en el camino, y no para calmar el hambre o disfrutarlas como un gusto que te das de manera consciente, sino de manera espontánea o en exceso por alguna emoción.

Refugiarse en la comida cuando se está estresado, triste, aburrido o enojado es algo que sucede a menudo. Comer emocionalmente no solo te puede subir unos kilos, también afectar tu salud. De inicio, es un gran avance identificar la conexión entre tus emociones y la comida.

Algunas características que te pueden ayudar a diferenciar entre el hambre física y el hambre emocional.

Hambre física
aparece gradualmente y se puede postergar
se puede satisfacer con cualquier comida
puedes dejar de comer cuando te sientes satisfecho
Hambre emocional
sientes una necesidad urgente de comer
causa un deseo de comer algo en especial (por ejemplo, pizza o helado)
comes más de lo normal
causa un sentimiento de culpa al terminar de comer
Saber qué emoción está detrás de tu hambre te ayudará a encontrar otras formas de afrontar la situación. Detente a pensar qué es lo que estas sintiendo cada vez que vas por botanas crujientes y picantes o por helado y dulces, ¿enojo?, ¿tristeza?

La especialista en nutrición Cynthia Sass realiza algunas recomendaciones si estás experimentando hambre emocional.

Come a la misma hora todos los días
Puede parecer difícil en ocasiones, pero has un esfuerzo, come a la misma hora todos los días, con un espacio entre comidas de tres a cinco horas. Esto ayudará a regular los niveles de azúcar en la sangre y de insulina, así como las hormonas del hambre.

Come sin distraerte
Siéntate en la mesa y dedica ese momento solo a disfrutar tu comida de manera consciente. No te distraigas revisando el teléfono, con la computadora o el televisor.

Sass señala que aunque pueda parecer incómodo al principio, hacer esto al menos una vez al día ayuda a para sintonizar las señales de hambre y saciedad, te sentirás más satisfecho después de comer.

Sé amable contigo
No seas cruel culpándote por haber acabado con las papas o las galletas, reflexiona sobre el “por qué”. Si algo salió mal por lo que ahora no te sientes bien, ahora piensa en que hay otras formas en las que podrás manejar una situación similar en un futuro.