Los muertos por coronavirus que México no cuenta

La doctora María Amaya Cruz forma parte de las estadísticas de muertos en México por COVID-19 solo porque sus familiares se empeñaron en ello. 

El viernes 3 de abril, la doctora Amaya se sintió mal. Comentó con sus hermanos que le dolía el cuerpo, sentía molestias al orinar y tenía fiebre. Cuando se levantó el sábado con dificultades para respirar, tomó su auto y acudió al Hospital General de Zona 7 del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) en Monclova, Coahuila, para recibir atención médica. Tosía y el oxímetro reveló que sus niveles de oxígeno en sangre eran muy bajos.

Le diagnosticaron neumonía atípica y la ingresaron en terapia intensiva. Murió a las 5.30am  del domingo 5 de abril.

La doctora Amaya deja en orfandad a una niña de 12 años. Trabajó 16 años en el Instituto Mexicano del Seguro Social y nunca quiso cambiar de trabajo. Según su familia, se sentía orgullosa de la calidad de los servicios y de ser una de sus médicas.

Para cuando falleció, en México ya se habían confirmado 2,143 casos y 94 muertos por COVID-19, pero a la doctora Amaya no le hicieron la prueba.

“Con el resultado de la prueba, hubieran podido atenderla de una forma certera y no dejarla morir como lo hicieron”, apunta su hermano Raúl Amaya, médico del IMSS en Piedras Negras, Coahuila.

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