La mayoría de inmigrantes en los albergues de Tijuana son mexicanos

Rubén López sobrevivió tras recibir siete disparos, en represalia porque se negó a colaborar con delincuentes en el sureño estado mexicano de Guerrero.

“Él tenía dos taxis, lo asaltaron en septiembre y le quitaron uno… Como ahí llevaba documentos, supieron nuestra dirección y llegaron a [la casa] a querer matarlo”, dijo a La Opinión la esposa Rubén, la señora Zeferina.

Los matones entraron al patio de la casa y cuando Rubén salió, le dispararon.

“Apenas lo curaron, nos venimos a Tijuana a pedir asilo. Mi esposo venía todavía con las heridas abiertas”, dijo la madre de ocho hijos —la mayor de 18 años de edad y la menor de 2 años.

Abandonaron todo, la casa y el segundo taxi. Encargaron a conocidos que trataran de vender algunas de sus pertenencias para que les enviaran dinero, porque salieron con muy pocos recursos.

Mientras la familia espera en un refugio de Tijuana turno para pasar a San Diego (California) a solicitar asilo, Rubén ha podido conseguir trabajos ocasionales.

Explica que en un costado todavía tiene una bala, que si la sacaran, podría poner en riesgo la vida del ex taxista.

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