«Por lo menos que se salve él»: padres migrantes están enviando a sus hijos solos a EEUU

El último día que Alexandra pasó con sus dos hijos de 5 y 6 años, la madre hondureña se dedicó a consentirlos: los llevó a comprar y a comer todo lo que le pidieron, los bañó, los abrigó, los abrazó y rezó con ellos antes de dejarlos en un extremo del puente internacional que une la ciudad mexicana de Matamoros con la texana de Brownsville. Era la primera vez en su vida que se separaba de ellos.

«Mi hijo me preguntó: ‘¿pero sí vas a estar bien?’ Y yo le dije que sí, pero ya con un nudo en el estómago, y le dije: ‘No te olvides de orar, de darle gracias a Dios por todo. Cuida a tu hermana y no se vayan a separar. Y no te vayas a regresar porque es la única oportunidad que tienes. Y ahí me despedí de ellos y luego miré pasar a mis criaturas por allá», dice la migrante de 23 años entre lágrimas mientras señala el puente fronterizo. «Sentí que me estaban partiendo el alma».

Después de tres meses en Matamoros, donde fue enviada mientras avanza su caso de asilo en EEUU por el programa conocido como Protocolos de Protección de Migrantes (MPP, por sus siglas en inglés), la primera semana de noviembre Alexandra tomó la decisión de enviar a sus dos hijos solos a ese país. La hondureña ya se había presentado en dos ocasiones ante un juez a través de videoconferencia en las carpas construidas en la frontera, pero le pusieron una cita adicional para el 29 de abril y no soportaba la idea de que sus niños tuvieran que pasar seis meses más viviendo en el campamento improvisado al lado del puente donde se han instalado cientos de migrantes.

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