“Un milagro de Dios” salvó a hispano de la deportación. Pero no todo fueron buenas noticias

Manejar sin licencia decidió en 2018 el futuro de un inmigrante guatemalteco en Estados Unidos. Tras comprobar que estaba indocumentado en el país, lo mandaron tres meses al centro de detención del condado de Irwin, Georgia. Allí, en un ataque de desesperación, el hispano firmó su deportación. Tres meses más tarde, los agentes migratorios le comunicaron que suspendían su orden de expulsión. Pero esta fue una noticia agridulce.

La esposa de Salvador López padecía lupus, una enfermedad crónica que afecta a las células y tejidos sanos que volvió a atacar el organismo de la mujer mientras López estaba entre rejas. De ejecutarse la orden que enviaba a Salvador de vuelta, Romelia quedaría desamparada en Georgia y a su familia de tres hijas, desestabilizada.

López se libró de la deportación por razones humanitarias. Su mujer había estado ingresada en la sala de emergencia del hospital de Atlanta debido a una exacerbación de la enfermedad que no pudo aguantar y que, según Mundo Hispánico, la llevó al borde de la muerte. Esta difícil situación hizo que el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) a dejara en libertad al guatemalteco sin tener que pagar fianza.

Para López salir de la cárcel y encontrarse con su mujer y sus tres hijas “fue un milagro de Dios, porque yo estaba esperando la deportación”. El medio citado arriba publicó que, según el inmigrante, su esposa había superado la enfermedad. Sin embargo, la inminente deportación de Salvador hizo que Romelia recayera y llegara casi a un “estado de coma”.

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