Populismo y religión: la santa alianza

¿Qué está ocurriendo para qué tantas personas religiosas se sientan atraídas por la retórica de líderes autoritarios como Matteo Salvini, Viktor Orbán, Jair Bolsonaro o Narendra Modi? Incluso en Francia y Holanda, dos países de fuerte tradición secular, partidos populistas de extrema derecha como los de Marine Le Pen o Geert Wilders recurren a un lenguaje que presenta al «judeocristianismo» como el pilar de la civilización en Europa occidental.

En Bélgica, el partido nacionalista flamenco N-VA se ha hecho un nombre defendiendo instituciones que los democristianos habían «abandonado», como los colegios católicos y los servicios religiosos. En Italia, Salvini mostraba con orgullo un rosario católico cuando se anunciaron los resultados de las elecciones europeas. En Hungría, Orbán ha convertido la defensa de la «civilización cristiana» en doctrina oficial del Estado. Durante una visita de Donald Trump a Varsovia (donde Ley y Justicia, el partido que gobierna Polonia, se presenta como el ala política del catolicismo conservador), el presidente de Estados Unidos parafraseaba a Juan Pablo II diciendo que «Queremos Dios».

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