¿Negocios con amigos o familiares?

Por lo general, no lo recomiendo. Emprender un negocio con amigos, familiares o con la pareja, puede dar al traste con la empresa y, además, con la relación, en la mayoría de los casos. Pero, si es así, y se quiere iniciar porque se cree en ello, hay que poner ciertas reglas claras.

Doy por supuesto que cuando se emprende un negocio con un amigo o se contrata a un familiar, no es por hacerle un favor, sino porque confiamos en sus cualidades profesionales y apreciamos sus valores personales. En ese caso, bastará con hablar francamente sobre cómo vamos a abordar la relación laboral.

  1. Ocuparse de los aspectos legales. No es suficiente con la palabra ni con el «ya lo haremos». Un negocio no es una relación de pareja en la que hoy estamos felices y mañana nos decimos adiós, sin mayores consecuencias. Las empresas deben funcionar con seriedad, con contratos privados y públicos, donde todo esté regulado y firmado desde el primer momento. La legalidad es la garantía necesaria para que, pase lo que pase, haya un orden superior que defienda los intereses de todos con equidad.
  2. Dejar las reglas claras. Es necesario hablar abiertamente de quién tendrá la última palabra en caso de desavenencias, de los retos que habrá que encarar, de que no existirán privilegios por razones de amistad, de las responsabilidades de cada uno… y mejor también si se hace por escrito. Conforme surjan nuevos retos laborales, deberán incorporarse más reglas.
  3. Asumir que habrá conflictos. No es lo mismo compartir ocio que situaciones de riesgo y estrés. Discrepar es enriquecedor en el trabajo, puede haber visiones diferentes y eso no tiene por qué suponer un problema. Pero es muy posible que aquellas personas con las que hemos compartido cenas y viajes o que han sido inseparables compañeros de estudios, no respondan con una sonrisa ante un conflicto laboral.

Por ello conviene esforzarse en aparcar los egos y resolver los problemas cuanto antes. Las personas que trabajan con amigos, familiares o parejas deben entrenar sus habilidades emocionales para sacar todo el beneficio que aportan estas relaciones en la empresa, sin sucumbir ante sus riesgos.

  1. Separar la relación personal de la profesional. En el trabajo prima la visión de negocio, y allí no caben las amistades; ni al revés. Dos amigos deben darse apoyo mutuo en la empresa, sumar con su relación una ventaja importante para la consecución de objetivos, pero no trasladar sus conflictos laborales a la relación personal, ni las confianzas de la amistad al ámbito empresarial.
  2. Cuidar la amistad. Puede que quienes ahora pasan ocho horas juntos cada día en la empresa, olviden que antes eran amigos. No hay que cambiar el tipo de relación, sino seguir cultivando los ratos de ocio y placer.

Cuando estas reglas se cumplen, trabajar con familia o amigos no será un problema; pero eso sí, no se olvide de las reglas por escrito.

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